Italia tiene su sede en Washington, traducción Carlos X Blanco

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Cualquier debate serio sobre la política exterior italiana debería comenzar con una admisión franca. Italia, derrotada en la Segunda Guerra Mundial por las fuerzas aliadas —esencialmente Estados Unidos—, ya no goza de soberanía plena e irrestricta, como nos recuerdan las numerosas bases estadounidenses y de la OTAN diseminadas por nuestro territorio. Estas bases no están ahí para protegernos de enemigos fantasmas —los sirvientes no tienen enemigos—, sino para salvaguardar el orden internacional estadounidense o, posiblemente, para recordarnos quién está realmente al mando. Aunque algunos sientan una sincera fraternidad hacia Estados Unidos, tras tantos años de condicionamiento cultural, la esencia no ha cambiado en absoluto. Sigue