O la banca o tu vida, traducción Carlos X Blanco

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O la banca o tu vidaGianni Petrosillo (Conflitti&Strategie)
No hay banqueros buenos, como tampoco hay poderes fácticos buenos, pero sobre todo, no hay políticos capaces de hacer algo bueno más allá de sus propios intereses y los de sus patrocinadores financieros, en esta Italia que lleva décadas al borde del abismo. Habría bastado con que Gianfranco La Grassa nos contara las maniobras de los poderes tímidos que rodearon el reciente juego bancario de Risk, como hizo con las fusiones entre Intesa y Sanpaolo IMI y entre UniCredito y Capitalia, que crearon los dos gigantes de las finanzas italianas en la segunda mitad de la década de 2000.

En medio de todo esto, siempre está el caso Generali, ayer como hoy, la verdadera esencia de los poderes corruptos que navegan entre las finanzas y la política, siempre dispuestos a poner sus manos sobre la caja fuerte del capitalismo italiano, es decir, los ahorros de los italianos. Y, como escribe alguien bien informado, estamos hablando de 900.000 millones de euros en activos y 50.000 millones en bonos del Tesoro.
Los últimos acontecimientos en torno a MPS se enmarcan en este contexto, ya que intenta, con la ayuda del gobierno, rechazar la oferta de adquisición de IntesaSanpaolo. Algunos afirman que MPS simplemente intenta elevar el precio, contrarrestando la maniobra de la dirección del banco con sede en Siena, que a su vez ha lanzado dos ofertas voluntarias de canje de acciones de Banco BPM y Banca Generali. Otros lo tachan de locura o de medida desesperada, pero las recientes declaraciones del Primer Ministro a favor de Siena se encuentran en el centro del debate.
No pretendemos ser expertos en esta compleja situación, pero los partidos políticos y los políticos se sienten más seguros si tienen un banco, como Fassino dejó entrever en una ocasión (¿Tenemos un banco? En referencia al intento de adquisición de BNL por parte de Unipol), porque el dinero es el único amo de un sistema político débil que genera más dinero que negocios. Y cuando la política se convierte en mero negocio, sucede lo que vemos ante nuestros ojos: el país pierde su vocación y su rumbo; se convierte en un cajero automático del que todos se apropian, sin dejar nada para el pueblo. Y no importa quién gobierne, los sistemas siempre son los mismos: o el banco o la vida, la de los italianos. Y cuanto más se generalizan estos juegos financieros, más decae el país industrialmente y la política misma se reduce a ser una mera herramienta del botín. Este último se convierte en el único objetivo real para perpetuar su propio aparato y penetrar en el aparato estatal.
Sí, porque, en el capitalismo, las finanzas son importantes si su función es hacer más dinero con el dinero, pero también para canalizarlo hacia el desarrollo concreto, para financiar inversiones innovadoras en los sectores más inmaduros y menos explorados, no en los ya maduros donde hay menos riesgos pero también menos oportunidades de avances significativos. En Italia, sin embargo, la desastrosa alianza entre las grandes finanzas y la industria en quiebra, como la denominó Gianfranco, ha agotado los recursos de los empresarios, dejando a los mejores sectores, donde aún existían algunos emprendedores menos conservadores, en una situación precaria. De hecho, estos últimos sectores han desaparecido por completo, junto con cualquier posibilidad de acceder al “nuevo mundo” que ahora solo podemos importar del extranjero, y a un precio muy elevado.
En nuestro país, las maniobras financieras son siempre parasitarias y un fin en sí mismas, y lo siguen siendo porque nuestro capitalismo es depredador, incapaz de asumir riesgos e impulsar el crecimiento del país. Lo vimos con Fiat, y luego con Stellantis, que “huyó” al extranjero tras décadas de embolsarse ayudas estatales y otros beneficios, con la complacencia de todos los partidos políticos, tanto de derecha como de izquierda.
A esto hay que añadir que tanto nuestras finanzas como lo que queda del sistema industrial no están al servicio de la nación, sino que están constantemente subyugados por el país hegemónico del mundo occidental, al que estamos subordinados, hasta tal punto que incluso hoy se sigue invocando el nombre de Draghi, socio de Goldman Sachs, como dijo Cossiga, para gestionar las ruinas.
A la política solo le importa el dinero y sigue haciéndolo, en detrimento de los italianos, que son cada vez más pobres y carecen de perspectivas de futuro.
En términos de lógica, poco ha cambiado en estas décadas; más bien, el panorama general, como predijo Gianfranco, ha empeorado y se ha vuelto aún más asfixiante. Al final, lo tomarán todo y lo perderán todo; paradójicamente, las cosas coinciden y el país se quedará sin nada. Mientras exista este sistema político débil y ciego, el dinero gobernará Italia, y el robo, su contraparte más codiciosa, será su fuerza dominante.

O la Banca o la vita


Traducción: Carlos X. Blanco